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Sobre la rayita dejando dos cuadritos de espacio

Ésa fue una de las primeras cosas que me dijeron cuando comencé a aprender a escribir. No fue fácil, mantener un orden tan preciso después de venir de los caóticos dibujos del kinder, complicaban la situación. Poco después empecé a tomar un poco de gusto de mover un lápiz por las hojas, trazando palabras y luego frases (al principio las típicas bobadas de «Ese oso se pesa») para después pasar por la letra cursiva, los clásicos resúmenes de los libros de la SEP, los interminables dictados de «Miss Lupita» o copiar medio libro porque Miss «Chayo» tenía flojera de dar clase… Así podría parecer que escribir no era más que un suplicio que seguro a más de uno de nosotros nos dejó con algún «callito» en el dedo dónde apoyábamos la pluma. Tal vez fue así para mí hasta el día en que me di cuenta que también podía escribir lo que pensaba y ese día creo que conocí la herramienta de expresión más bella, el confidente más recurrente y los ladrillos de un mundo que construí en mi cabeza y así fue como comprendí la utilidad de escribir realmente.

Sepas poesía o no, seas fan de Shakespeare o de Paulo Coelho (perdón por la blasfemia) escribir es libertad, es un nexo que se une con la libertad de otros y así todos (o aunque sea unos pocos y tu mamá) puedan leerte y conocerte pero sobre todo que puedas aprender en las letras sobre ti mismo.

Hoy quiero empezar a escribir a través del «cyber espacio» las cosas que pienso y poder compartir mis opiniones sobre algún tema que pueda o no ser relevante  o alguna información que con un poco de suerte pueda ser considerada útil.

Así que sin más preámbulo, dejo esta pequeña introducción a las letras digitales de una servidora.

Miss Digital Ink

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